Al llegar al final del Paseo de la Florida, las praderias se unen a la ciudad en un fin que no lo es. La ciudad se transforma en verde, y el verde en el cielo gris de las nubes que son rasgadas , como chillida y su peine, por las cerdas de los arboles. El sonido y el frio de la ciudad que se asoma a las Campas del Naranco
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